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lunes, 30 de septiembre de 2013

El origen de la Homosexualidad

En 1973 la homosexualidad y la bisexualidad fueron retiradas del manual diagnóstico y estadístico de enfermedades mentales. Desde entonces la comunidad científica se ha afanado en averiguar qué es y qué determina la orientación sexual. La asociación americana de psiquiatría define la orientación sexual como la atracción romántica, emocional o sexual de una persona hacia otra. Si esa persona es del sexo contrario se dice que es heterosexual, si es del mismo sexo se dice que es homosexual y si esa persona cae en el espectro continuo de atracción tanto a hombres como a mujeres se dice que es bisexual. Como nos recuerda esa asociación la orientación sexual no sólo se refiere al comportamiento sexual sino también a los sentimientos y a la identidad. Esto significa que acostarse con alguien de tu mismo sexo no te hace homosexual, como es obvio. Pero ¿esto es normal? ¿es una enfermedad? y si no ¿qué es? Una enfermedad es un proceso que altera la salud. La salud es un estado de bienestar físico, psíquico y social. Respecto al bienestar físico, la homosexualidad, de forma intrínseca, no está relacionada con ninguna enfermedad (recordemos que la transmisión del VIH se mantiene, actualmente, por relaciones heterosexuales). Respecto a lo psíquico hay más que decir. La decisión de dejar de considerar la homosexualidad como una enfermedad mental se basó en que es imposible diferenciar la orientación sexual de una persona si no le preguntas directamente, no hay ningún tipo de test o prueba, ninguna entrevista clínica ni valor epidemiológico observacional que permita adivinarlo. La comunidad LGBT no tiene mayor porcentaje de enfermedad mental, suicidios, etc. que ninguna otra minoría discriminada. Es decir, de acuerdo con la sociedad americana de psiquiatría la homofobia causa los suicidios en los jóvenes homosexuales. Como vemos, ser homosexual no implica ni más ni menos infelicidad, ni más ni menos esquizofrenia, ni más ni menos suicidio que ser heterosexual (si lo ajustamos al estrés de las minorías). ¿Ser homosexual te permite tener bienestar social? Perfectamente, si tenemos en cuenta que esta parte de la definición no se refiere a la sociedad en general si no a la capacidad de desarrollarse en tu entorno y de relacionarse con los demás. Todos conocemos ejemplos de esto. Por lo tanto, podemos concluir que, si no fuera por el sesgo antihomosexual, ser o no homosexual no supone una variación de tu calidad de vida (definición corta de salud). ¿Es la homosexualidad un trastorno? La respuesta es no, para ejemplificarlo podemos pensar en un trastorno de la coagulación, la hemofilia. El trastorno sería el grupo que engloba varias enfermedades. Los trastornos de identidad de género desaparecieron del mapa de las enfermedades mentales junto con la homosexualidad en el 1973. En 1973 era imposible conocer la identidad sexual de las personas pero, ¿y ahora? Con las técnicas modernas se puede comenzar a intuir algo. Hacen falta muchos estudios y nada es definitivo pero lo que sí se puede afirmar es que el tamaño de ciertas áreas cerebrales es, de media, diferente entre varones heterosexuales y homosexuales. No es casualidad que estas áreas sean las que regulan el comportamiento sexual de los animales. Estas diferencias se encuentran también entre los hombres y las mujeres heterosexuales de forma normal, pero en este caso un varón homosexual tendría esas áreas cerebrales de un tamaño intermedio entre hombre y mujer. Este dato parece muy revelador y ha sido interpretado de muchas maneras, pero, en realidad, no significa nada. No es más que la media estadística habiendo sujetos que se salen de la media en todos los campos. La gran cuestión viene cuando pensamos en qué fue primero ¿el huevo o la gallina? ¿el cerebro se forma de manera distinta y hace a las personas homosexuales o es el comportamiento homosexual lo que cambia la forma del cerebro? Lo que está claro es que no es una opción. Hay muchos argumentos a favor de que la homosexualidad sea algo adquirido, que se desarrolle en la infancia, el más famoso es el efecto del orden de nacimiento, este efecto se basa en que cuanto mayor sea el número de hermanos mayores varones que tenga un varón, mayor es la probabilidad de que sea homosexual, esta situación se da en el 14% de los casos, pero no explica a las mujeres homosexuales. Además el número de hermanas no influye en la sexualidad. Este efecto no está libre de controversia ya que tiene una evidencia débil, los críticos afirman que va en correlación con una diferente socialización que sería la responsable y no tanto los hermanos en sí. También hay estudios que afirman que este efecto se mantiene independientemente de si los hermanos son separados y adoptados por diferentes familias. La teoría de que la homosexualidad es genética está completamente descartada, principalmente porque son las parejas heterosexuales las que tienen hijos, pero también por los gemelos. Dos gemelos no tiene porqué compartir su identidad sexual sin embargo, si uno de ellos es homosexual es más probable que el otro también lo sea (hasta el 50%), además en el caso de los mellizos es hasta un 20% más probable que si uno es homosexual, el otro también lo sea. Aunque gran parte de la controversia se basa en que los gemelos tienen un entorno similar durante la infancia. Si un varón es homosexual su hermano varón tiene una probabilidad mayor que el resto de población de ser también homosexual pero no tan alta como en el caso de gemelos. Las últimas teorías respecto a la influencia ambiental sobre la génesis de la homosexualidad recogen un poco todo lo anterior y se van un paso más allá afirmando que un predictor de homosexualidad es la disconformidad de género, es decir, que los niños que no aceptan el rol social aceptado para su género es más probable que acaben siendo homosexuales. Todos hemos visto al típico niño que juega con muñecas y a la niña que le van los deportes. Esto se aprecia muy bien en mellizos de distinto género cuyos padres prefieren a uno de los géneros. En estos casos suelen tratar a uno de su sexo y al otro unisex, que además acaba jugando con su hermano o hermana. Una tercera hipótesis ha sido propuesta, la epigenética, que no viene a ser otra cosa que la mezcla de ambas. La epigenética se encarga de estudiar aquellos factores no genéticos (pero que se pueden heredar y se heredan) que intervienen en la expresión de los genes y el desarrollo de los individuos. Esta teoría viene a decir que hay una serie de marcas en el ADN que regulan la sensibilidad a la testosterona que es una hormona sexual implicada en el desarrollo y que explicaré más adelante. Al final tenemos un maremagnum de opciones y posibilidades y todas parecen apuntar hacia lo mismo, el rol de género. La convención social de que los varones tienen que comportarse de una forma y las mujeres de otra, al alterarse, produce variaciones de la norma respecto a la identidad sexual. Parece pero ¿es así? La respuesta es un rotundo no. Es mucho más probable (no está 100% definido) que sean alteraciones prenatales las que condicionen esto. Para entender la influencia del ambiente lo mejor es remitir al famoso (y controvertido) estudio Kinsey, que creó la idea de que todos somos bisexuales. Esta idea ha sido validada posteriormente, entre otros, por la asociación americana de psicología en lo que ha bautizado como el continuo de la identidad sexual. No sé vosotros, pero lo que ahora voy a explicar cambió por completo el concepto de la sexualidad humana que yo tenía. Resulta que los seres humanos nos movemos en una escala continua entre 100% heterosexual y 100% homosexual, y como todas las escalas los extremos son una minoría muy reducida quedando la mayoría de la población entre medias. Queda entonces establecido que todos podemos tener relaciones sexuales y románticas con cualquier género humano independientemente de nuestra condición, quedando ésta relegada a una característica establecida de forma arbitraria. ¿Qué quiere decir eso? Que la identidad sexual no existe, son los padres. Es la sociedad la que impone una categoría que el individuo parece aceptar. Entonces, si no eres homosexual ni eres heterosexual, ¿qué eres? Pues la respuesta es evidente, ser humano. No es necesario poner una categoría porque realmente no existe. Pero volviendo al caso. Lo que parece más probable es que sean los roles de género los que nos inculquen, desde pequeños, sin darnos cuenta, nuestra sexualidad. Independiente del punto del continuo desde donde nacemos, se nos marca que lo que se espera de nosotros es ser heterosexuales y por eso las experiencias de nuestra infancia son las que nos hacen heterosexuales. Sin embargo aquellos que nacen con una tendencia muy fuerte hacia la homosexualidad serán los que se consideren homosexuales y aquellos que nazcan con una tendencia más débil (dentro del continuo) pero no se les marque un rol de género muy establecido y se les permita desarrollarse de forma más libre, seguramente se consideren dentro del continuo. ¿Qué quiero decir con esto? Que no vas a ser gay por jugar con chicas, pero jugar con chicas te va a permitir ser gay, mientras que un marcado acento masculino, te obligará a moverte solo en una parte restringida del continuo impidiendo que accedas a la totalidad, impidiendo que de verdad muestres aquello con lo que naciste. Así que lo más importante es no preocuparse y dejar que los niños hagan lo que quieran, de esta forma, al final, solo serán lo que deban ser. Todas estas teorías sobre el desarrollo de la homosexualidad dan la sensación de que es en sí una idea y nada más. Sin embargo se ha demostrado que se activa la parte relacionada con la reproducción en el cerebro de los varones homosexuales ante el estímulo de un derivado de la testosterona (hormona masculina,en concepto sería algo similar a una feromona), justo el mismo proceso que ocurre en mujeres heterosexuales. A los varones heterosexuales esa zona se les activa con un derivado de los estrógenos (hormonas femeninas). Esto indica que la homosexualidad no es un fenómeno puramente social sino también biológico. Relacionado con esto también se ha demostrado que se activa la zona cerebral relacionada con la excitación sólo cuando las personas ven imágenes sexuales acordes a su identidad sexual. Lo mismo ocurre con las neuronas espejo cuando ven a alguien ver imágenes sexuales acordes a su identidad. Además cuando ven imágenes no acordes a su identidad no se activa esa zona excitadora. Cerramos este gran bloque para meternos en otro que parece ser la clave, el de las alteraciones prenatales. Hay un relativo consenso en que la influencia de las hormonas durante el embarazo es un de los factores más relacionados con la identidad sexual. Por defecto un embrión humano se desarrollará mujer, excepto si actúan las hormonas masculinas (testosterona), que se desarrollará hombre. Las hormonas sexuales ayudan a la maduración cerebral estableciendo diferencias entre ambos sexos. De esta forma una persona con un cerebro masculino y cuerpo femenino, es muy probable que se sienta hombre y quiera reasignar su género, es decir, este concepto es la raíz de la transexualidad. Se ha establecido que los varones homosexuales han recibido durante el periodo prenatal una gran cantidad de hormonas masculinas, más de las que reciben los varones heterosexuales. Esta teoría trataría la homosexualidad de una hipermasculinización cerebral (tanto de las mujeres como de los varones). Evidentemente es algo difícil de apreciar en los seres humanos, pero sí podemos ver signos indirectos, por ejemplo la diferencia de tamaño entre el 2º y el 4º dedo nos indica la testosterona prenatal. Así se ha comprobado y recomprobado que los homosexuales tienen una diferencia menor entre estos dos dedos, indicando así que han recibido una mayor cantidad de testosterona. Hay otros factores como una mayor proporción de zurdos, una menor proporción de sordera congénita, una mayor cantidad de testosterona en sangre y un pene más grande. ¿Pero no habías dicho antes que el cerebro de un varón homosexual es el intermedio entre el de un hombre y una mujer heterosexuales? Sí, en cuanto al tamaño, por eso hay autores que creen que la homosexualidad es una hipomasculinización. No obstante lo más importante del cerebro no es el tamaño sino como está distribuida toda la red neuronal, que sería aquello que lo hace masculino o femenino. ¿Por qué tiene el feto una mayor concentración de hormonas? Pues la respuesta principal es por la genética. Es más que posible que el feto por su genética propia produzca más testosterona de la normal o bien su cerebro tenga mayor número de receptores para esta testosterona. Aunque hay otros factores que influyen, por ejemplo el estrés en la madre puede liberar ciertas hormonas que interfieren en la producción fetal y que crean un disbalance hormonal. Aquí entramos en realidad en las diferencias individuales que hay en la cantidad de testosterona que secreta cada uno. La lotería natural sería la responsable Realmente esto que he explicado en nada es lo más importante, es el proceso fundamental, todo el tema ambiental es una pequeña parte del proceso que necesita a las hormonas para producirse. La cantidad de hormonas durante el desarrollo fetal son las que te sitúan en algún punto del continuo de identidad sexual y sería el ambiente, el encargado de perfilarlo. En resumen, no se sabe. Faltan muchos estudios, sobre todo con mujeres homosexuales para poder extraer una conclusión. Lo que está claro es que un aumento de las hormonas sexuales masculinas durante el embarazo asociado a una falta de imposición del rol social de género son factores muy importantes que regulan la sexualidad de las personas. Al final y al cabo ser heterosexual o ser homosexual no es tan diferente, pocos nanogramos de una molécula te hacen de una forma u otra. Para mí, la conclusión más importante del artículo es que la homosexualidad no existe sino que la sexualidad humana es algo muy complejo y lleno de matices, que, en realidad, escapa a la típica concepción binaria. http://www.hablandodeciencia.com/articulos/2013/06/28/el-origen-de-la-homosexualidad/

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